miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un vistazo a 1923

Todos en algún momento nos hemos enfadado, en mayor o menor grado, con algunas peculiaridades y paradigmas de esta España nuestra.

Lo cierto es que no siempre tenemos razón, nuestra sociedad no está ya tan atrasado cultural y educativamente cómo parece en algunas ocasiones, para obtener una prueba de ello basta con mirar atrás en el tiempo, para ver todo el camino que llevamos recorrido como sociedad que, por suerte, abandonó los dogmatismos y muchas otras cargas sociológicas que suponían un lastre difícil de llevar.

Una muestra de esto la tenemos con este contrato de maestra de escuela de 1923, seguro que os parece curioso:

sábado, 4 de diciembre de 2010

Controladores, esa lacra social


Me parece una auténtica salvajada lo que han hecho hoy con nuestro país la casta de privilegiados que son los Controladores aéreos. No soy un gran conocedor del Derecho Penal, pero creo que dejar a 250.000 personas tiradas a comienzos de un puente como éste, 1300 vuelos cancelados, cerca de 5.000.000 de afectados directos y un país paralizado es suficiente como para empezar a plantearse que se haya cometido un delito de SEDICIÓN (aquí lo que recoge el Código Penal de 1995 al respecto).

No se puede tolerar que ocurra esto y más cuando lo que reivindican los miembros de esta casta de bien-pagados y privilegiados no tiene lugar con la situación económica que vivimos, con tantas familias con problemas Y SIN TRABAJO.

Han pasado todas las líneas rojas, el gobierno ya ha actuado militarizando el control aéreo, ahora espero con impaciencia la acción de la justicia, toda una re-válida para la salud constitucional de nuestro país.

Nos han enseñado cómo se desarrollarán los golpes de Estado en el siglo XXI es obligación de los poderes del Estado, especialmente del Judicial, demostrar que sabremos responder también a estos retos.

Ha sido muy duro escuchar los testimonios de las personas que se quedan sin ver a sus familias, a los que han perdido las únicas vacaciones que se han podido permitir, las islas incomunicadas con el grave daño que se les hace a su economía,...

Esperemos que las medidas que se tomen hagan que estos personajes, que son los controladores huelguistas, no vuelvan a tener la posibilidad de parar un país de esta forma.

De momento a las 9 de la mañana podría declararse el Estado de Alarma, haciendo que los Controladores que no cumplan con sus obligaciones vayan a prisión, buena determinación por parte del Gobierno.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Dónde estarás esta noche? (Final del paseo)


Aquí os traigo la tercera parte de la historia, enlazo las dos anteriores por si alguien se pierde:

Parte 1-Paseando por esta memoria mía

Parte 2-Continuando el paseo


Cómo ya os conté, decidimos caminar sin rumbo, mientras charlábamos por las calles de aquella ciudad que tanto había cambiado desde nuestro último paseo; es sorprendente el crecimiento y transformación que ha experimentado Plasencia en estos años.

Nuestras conversaciones trataron sobre temas de todo tipo, ella recordaba con una sonrisa cómo yo pasaba todo el tiempo hablando de mi pueblo, Casar de Palomero, me dijo que lo había conocido en un mercado medieval hace unos años y que había sido como una visita guiada por los recuerdos de aquellas cuñas publicitarias de mi Villa que yo metía en cualquier momento viniese o no a cuento.

Cómo no podía ser de otro modo, nuestra charla nos condujo a rememorar el pasado, a hablar de aquellos tiempos en los que compartíamos cada segundo que teníamos libre. Inmersos estábamos en el recuerdo de tantos detalles cuándo, de repente, ella se paró, me agarró del brazo hasta casi hacerme daño, y me preguntó porqué no había respondido ninguna de sus cartas, se me paró el corazón, me contó que me había escrito muchas, pero la realidad es que a mí nunca me había llegado ninguna.

Caí en la cuenta de que yo no pude haberle dado mi dirección de Valladolid, ya que la última vez que nos habíamos visto ni siquiera sabía dónde me iba a quedar. Ella me contó que a ella se la dió Lara, una antigua compañera suya de clase que también estudiaba en Valladolid, pero ella no sabía que Lara y yo habíamos estado juntos un tiempo al principio de la carrera, justo cuando ella le pidió la dirección.

Lara era una chica muy agradable, pero no tenía un pelo de tonta, y por aquel tiempo yo le hablaba bastante de aquella persona que había dejado atrás en Plasencia, por tanto resultaría inimaginable saber qué dirección le dió para que me escribiese y que yo no las recibiese. Es difícil transmitir lo que sentí en aquel instante, la de cosas que pasaron por mi cabeza en pocos segundos.

Sea como fuere, en algún sitio existían unas cartas que ella había escrito con la sensibilidad a flor de piel, dirigidas a mí, y que, con toda seguridad, yo nunca leería. Montó en cólera al enterarse del engaño, estoy seguro de que si hubiese tenido a Lara delante en ese momento podría haberle hecho cualquier cosa y no sé si yo también.

Cómo ya os dije, su vida había sido un completo infierno, infierno del que no estaba seguro que hubiese conseguido escapar del todo y del que seguro me había hablado en alguna de las cartas que nunca recibí. Su historia era como una de esas narraciones retorcidas en las que, hagas lo que hagas, los fantasmas del pasado te siguen donde quiera que vayas y aunque todo apunte a que algo va a salir bien, al final un soplo de viento llega y tira tu castillo de naipes.

Dejándonos llevar acabamos, ya con todas las farolas encendidas desde hace un buen rato, en aquel parque, justo delante del que había sido nuestro banco a los pies del acueducto, en el que todas las tardes nos sentábamos, nos acariciábamos y desvariábamos. Por él habían pasado alguna mano de pintura y alguna que otra inscripción de esas que contienen dos nombres dentro de un corazón, como la que aún permanecía con su nombre y el mío en la esquina superior izquierda, dónde lo habíamos dibujado años atrás.

Al ver aquel vestigio del pasado, ambos callamos, nos miramos y estuvimos muy cerca de besarnos, y si no lo hicimos no fue por falta de ganas, si no porque ambos, de algún modo, habíamos labrado nuestras vidas lejos de aquel recuerdo común, si os digo la verdad desconozco si ella tenía pareja, juraría que no por la forma en que me miraba cuando recordaba toda nuestra historia, pero en ningún momento fuimos capaces de hablar de nuestro presente sentimental.

El momento de la despedida fue cómo rememorar nuestro último "hasta pronto", desde el que tanto tiempo había transcurrido, ella soltaba alguna lágrima mientras me decía que le gustaría volverme a ver, yo aguanté hasta llegar al coche, el tiempo había corrido demasiado deprisa.


Cuando le cuentas esta historia a alguien, siempre te dice que es el amor de tu vida, que quizás deberías estar con ella. Pero yo no lo creo, creo que cualquier tiempo pasado, sólo fue anterior, me niego y me negaré a acatar el imperativo de los que se regocijan en el pasado por miedo a afrontar el futuro. Esta historia del pasado fue muy bonita y de ella guardo un maravilloso recuerdo, pero el presente y el futuro es y será mucho mejor, no me cabe duda.

Volviéndole a ver, creo que he terminado de cerrar un círculo que llevaba muchos años en vía muerta, ahora su número de teléfono forma parte de mi agenda, para esas noches en las que, tras tomar unas copas con amigos, llegas a casa y necesitas llamar a alguien, para esas cálidas noches de verano en las que miras a las estrellas y piensas en quién puede estar en vela a esas horas, dispuesta a compartir ese momento contigo.

Ella fue, es y será la persona con la que aprendí que un rato de buena conversación configura uno de los placeres de la vida. Con ella descubrí algún otro placer, aprendí a compartir momentos con otra persona. Con ella pasé una fase de grandes cambios, que todos tenemos en algún momento de la vida. No sé si puedo decir que simplemente nuestros caminos se bifurcaron, si todo fue pura casualidad, si nada de lo que pasó tuvo demasiado sentido. En realidad no me importa, sé que lo que viví fue algo grande para mí y así he tratado de describíroslo.

Os he contado sólo unos retazos de esta historia, porque podría hacerse eterna entrando en detalles, pero en ningún momento he desvelado el nombre de la protagonista, por respeto, así que, entre vosotros y yo, y por su gran parecido a la actriz del video, le llamaremos Margot. ¿Dónde estará esta noche?

martes, 30 de noviembre de 2010

Sobre el final de la historia...


Se está demorando la tercera parte de la historia, lo siento, pero mis negociaciones para que los días empiecen a tener 50 horas y así poder hacer todo, de momento no dan muchos frutos.

Para quién no sepa de qué diablos estoy hablando:

Parte 1-Paseando por esta memoria mía

Parte 2-Continuando el paseo


Mañana sobre esta hora aproximadamente, la de los informativos de la noche, trataré de tener la tercera parte, espero que os guste.

Mientras tanto, os dejo una canción de Rulo y la Contrabanda:

viernes, 26 de noviembre de 2010

Continuando el paseo


Lo prometido es deuda, la primera parte de la pequeña historia que puse anoche, tiene hoy su continuación:

Como ya dije, el siguiente paso en mi camino, me hizo mudar mi vida a la ciudad de Valladolid, me disponía a cumplir uno de tantos sueños, convertirme en arquitecto. Para ello había renunciado al sueño de seguir creciendo junto a ella, la que nunca me había pedido nada y todo me lo había dado.

Pasaron varios años, en ellos perdimos cualquier tipo de contacto, mi residencia cambió varias veces de país, Reino Unido, Alemania, Italia, Portugal,... mis ojos se cruzaron con muchas miradas, compartí decenas de sueños nuevos con otras personas, pero eso no impedía que siguiese pasándose por mi mente cada cierto tiempo.

Un día de tantos, hace pocos meses, me encontraba en Plasencia, estaba haciendo papeleo en el centro. Mientras caminaba por una estrecha calle comercial, me iba fijando en las tiendas, en lo que han ido cambiando los distintos locales, en los escaparates,... recordando grandes momentos en aquellas calles, todo ello con un punto de nostalgia que no alcanzaría muy bien a describir. De repente unos metros más adelante me pareció verla, mi ritmo cardíaco se multiplicaba a medida que mis pasos me acercaban a esa persona que años atrás había sido todo para mí.

Ella se encontraba sentada en el alféizar del escaparate de una tienda de ropa, mientras fumaba relajadamente un cigarro. ¡La muy tozuda no ha sido capaz de abandonar el vicio! pensé. Mientras tanto, ella utilizaba ese disimulo que sólo tienen las mujeres para fingir que no me había visto, incluso llegué a dudar de que lo hubiese hecho y mucho más de que me fuese a saludar.

Una vez me hallé a su altura, fue ella quien disparó primero, se puso en pie y sin saludo previo me plantó dos enérgicos besos, estuve durante unos segundos sin saber reaccionar, sus ojos brillaban mucho, como en esos momentos en los que olvidas todos tus problemas y por un momento te deleitas en un efímero instante de felicidad.

En efecto su rostro reflejaba que sus últimos años no habían sido fáciles, su belleza se mantenía, pero algo me hacía pensar que había tenido muchos problemas.

Ella había roto el hielo y fue además quien comenzó a hablar; "¿Dónde has estado? Me he acordado muchas veces de tí". Traté de resumirle al máximo todo lo ocurrido desde que no nos veíamos. Estaba inmerso en mi narración cuando algo me decía que no debía preguntarle por la suya, intuía que ni a ella le gustaría contarlo, ni a mí escucharlo; pero llegados a ese punto no pude renunciar a un "¿Y tú qué tal todo?".

No reproduciré por respeto, todo lo que me contó, todos los detalles tan duros, la vida se había burlado de ella, empezó con mala familia, malas compañías, siguieron malos hábitos y todo se vio condimentado con malos compañeros de viaje. Tras escuchar atentamente, no me cabía ninguna duda de que si Dios existía, era normal que no se manifestase, que se escondiese por pura vergüenza.

Era evidente que no había tenido posibilidad de convertirse en forense, ni tan siquiera de acabar el bachillerato. Trabajaba en la tienda en cuyo escaparate estaba fumando previamente y se resignaba a que, en plena crisis, no podía quejarse.

Me dijo que acababa su jornada en 15 minutos, a mí me quedaban unas cosas por hacer, así que acordamos tomarnos algo un cuarto de hora después.

A la hora convenida, ambos nos encontramos a los pies de la estatua ecuestre de Alfonso VIII. Sin uniforme lucía una imagen sensiblemente más atractiva y era evidente que se había dado un retoque de maquillaje y más perfume; las mujeres dominan siempre todos esos pequeños detalles.

Nos dimos cuenta de que en realidad no queríamos entrar en un bar a contarnos la vida, como hace el resto de la gente, así que decidimos dar un paseo por donde solíamos hacerlo en otro tiempo. (Lo que aconteció, junto con el desenlace de la historia, queda para después del fin de semana).

"Cuéntame, dime, ¿Quién te ha colgado el mar de las pestañas?
Y ahora dársena de estiércol se tornó la comisura de los besos."

Paseando por esta memoria mía


Aún recuerdo la última vez que le vi, era una tarde, muy cerca del ocaso. Volvíamos de la Escuela de Idiomas, caía una constante lluvia fina, se presumía una noche gélida, pero de ese frío que no registran los grandes termómetros de las aceras, sino del que se siente cuando a solas das vueltas en la cama pensando que algo importante está ocurriendo en tu vida y no sabes si sabrás manejar las riendas de ese cambio.

En mi retina permanecen su abrigo de cuadros rojo y negro, sus vaqueros ajustados y aquellas botas rosas que tan poco me gustaban. Yo llevaba un abrigo azul oscuro, con las botas y pantalones negros, negro como el recuerdo de aquella noche.

Para entender todo esto, hay que remontarse unos años. Nos conocimos por casualidad en una de esas mañanas que, inconscientes, nos fugábamos del instituto. Ella era preciosa, una de las mujeres que más me han impactado a primera vista, sus ojos verdes se me clavaron como una navaja de reyerta, desde aquel día empezamos a vernos, al principio, con Juan, Lucy y los demás y luego a solas.

Poco a poco se convirtió en una persona imprescindible en mi vida, o eso creía yo, mientras le escribía mi parte de la correspondencia que manteníamos. Ella, apabullantemente inteligente, soñaba con ser forense, alucinaba con todos aquellos reptiles del laboratorio metidos en formol, yo siempre creí que sería un sueño poder llegar a ser algún día arquitecto. Se nos iba la vida en cada beso, en cada mirada, en cada instante juntos, en cada sueño.

Todo aquello estaba derrumbándose al suelo, deshaciéndose en los charcos de la lluvia; ambos sabíamos que lo nuestro se acababa, yo había aprobado mi último curso del instituto y estaba a la espera de las notas de la prueba de acceso a la universidad, mientras que a ella, se le habían atragantado las matemáticas un par de cursos atrás.

Nos prometimos mil cosas, recordamos mil momentos, pero la realidad se imponía, yo abandonaba Plasencia me lanzaba al desafío de la vida universitaria, ella quedaba en la Perla del Valle.

El tiempo y la distancia nos separaron, aunque debo reconocer que con mucha frecuencia pensaba en ella, en aquella mirada y en aquellos carnosos labios.

Hace unos meses la vi, pero esa es otra historia (la próxima historia de este blog).

"Te daré mi corazón, te daré mi vida, te daré mi alma perdida"

jueves, 25 de noviembre de 2010

Si te pega, no te quiere


No olvidemos en el día contra la violencia de género, a todos los hombres y mujeres que sufren un drama en sus casas por culpa de sus parejas.