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martes, 15 de enero de 2013

Sol de invierno


Él corría, feliz e incautamente, corría tras ella. Corría sin parar a pensar que llegaría un día, en el que sus piernas cansadas le dirían: "basta, no sigas eternamente a quien solo se gira para gritarte que deberías correr más." 

No fue su amor más que eso, más que una huida hacia ningún sitio, un duelo a quemarropa, una balacera de sentimientos, un imposible equilibrio de quieros y puedos. Pero al fin y al cabo, ¿no es eso siempre el amor?

A veces la vida tiene estos aparentes sinsentidos, momentos felices que se acaban tornando en pura lágrima, y momentos tristes que son el preludio de una inmensa felicidad desconocida. Quizás sea por ello que nos animen a no bajar los brazos cuando mandarías todo al cálido infierno, por ello nunca acabamos de disparar al pianista que, indiscreto, te radiografía sonriendo, mientras invitas a la chica a tomar otra copa.

El sol de este invierno no deshace el frío de las almas escarchadas, no lo consigue, ni siquiera lo intenta. Deslumbra, gélido reprime las miradas más osadas y observa, en silencio, jactándose, observa.

Guío mi mirada hacia la jovencísima pareja que pasea de la mano y descubro que quizás todo lo que he pensado no tenga porque ser cierto, o sí. Su historia la escribirán ellos.


domingo, 6 de enero de 2013

El rojo obligatorio, los Reyes Magos.

 

La verdad sobre los Reyes Magos la descubrí prematuramente, no me cuadraban las cuentas del cuento.

Tuve la fortuna de ejercer de Rey Mago en el 2004 en mi pueblo, nunca olvidaré las caras de los niños y niñas que ilusionad@s acudían a recoger los regalos. Fuimos los primeros que recorrimos todas las pedanías en un microbús que puso el Ayuntamiento, repartiendo ilusión. Lo recuerdo como una experiencia bonita.

A pesar de todo, esta tradición no me gusta, ni por su origen dogmático, ni por su fin consumista; pero sí defiendo fomentar la ilusión y la creatividad en los canijos, TODOS LOS DÍAS. No renunciaría por nada a la ilusión propia de ver juguetear a mi prima Inés, de 4 años, con Wert, el perro de la casa, o de enseñarle a dibujar con unas viejas pinturas que guardaba en un cajón.

La vida se compone de pequeños momentos inolvidables, y esos nada tienen que ver con lo que nos digan las hojas caducas de la pared. Sí, lo siento, odio los rojos obligatorios del calendario.


miércoles, 2 de enero de 2013

Ama, ama y ensancha el alma, Himno

Hace ya unas semanas estaba de fiesta con unos amigos, en un ambiente muy heterogéneo. De repente, por los potentes bafles empezó a sonar el inconfundible ritmo inicial de batería de "Ama, ama y ensancha el alma", canción convertida en leyenda gracias a Extremoduro, pero parida de la brillante lucidez de Manolo Chinato. Parecía mentira pero todos, desde el que tenía una camisa de Lacoste (horrible por cierto) hasta el que lucía su chupa de cuero, nos pusimos a vociferar la letra de esta canción. No conozco otra canción en la lengua de Cervantes que sacie los gustos de tantísima gente.

Los versos de Chinato nos hablan de un deseo de que "todos como hermanos repartamos amores, lágrimas y sonrisas" "Hay que dejar el camino social alquitranado porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas, hay que volar libre al sol y al viento, repartiendo el amor, que llevas dentro".

Es por todo lo anterior que creo que en un país donde nos resulta imposible sentir una identidad nacional única, donde tenemos tantos símbolos impuestos del pasado, sería bonito poner como himno algo que nos une a una gran multitud.

Sirva de prueba la cantidad de grupos que la han versionado, sus distintos estilos y la diversidad de público al que convocan.

Ojalá algún día seamos capaces de llevar a la práctica esta loca alucinación de Chinato que tantos compartimos.

Pereza



Manolo Chinato con los Inconscientes



Canteca de Macao



Versión tocada solo con piano



Y no podía faltar la versión de algunos grupos de la tierra, Extremadura:


martes, 16 de octubre de 2012

Hablando de ti


Quizás hoy también me atropelle la luz del día, mientras leo anónima poesía en cualquier rincón de las estrellas. Puede ser que ese sol que vomita sus rayos por la ventana no sepa, ni escuche, ni sienta lo que tanto tú como yo callamos.

No sé si fue ayer cuando los ruidos de sirenas lejanas invadieron todo, trataron de arrasar sonrisa y niebla; bombas de racimo en forma de incerteza. Mientras tú y yo en silencio, sin decirnos nada, supimos esperar pacientes a que la tormenta cesara.

Mentiría al decir que no te esperaba, que en esta oscura noche, no he imaginado tu semblanza. Y mientras, las hojas de los árboles secas y sordas, se suicidan sobre la tierra de la que son hijas pródigas.

Das rienda a tus disparos en la noche con puntería halconera, y tus proyectiles, uno a uno, en sus objetivos aciertan. Ya va siendo hora de despertar las caricias, de apartar las barreras, de recoger cada una de nuestras cosechas.

En ese momento en que lamías las heridas de las palabras afiladas, vislumbré una tan terrible como real corazonada: nunca podrás saber que es de ti de quien hablan estas palabras.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Con solamente una llamada

 

Sonó el teléfono. Mentiría si dijese que no me tembló el pulso al coger el móvil y ver su nombre en la pantalla iluminada, era ella, tanto tiempo después, ella era. Poco importaba que hubiese pasado por horas el día de mi cumpleaños, ese día que tan poco me gusta, en ese instante olvidé todo.

Las últimas veces que habíamos hablado estábamos lejos de los tiempos de vino y rosas, distanciados, fríos, midiéndonos, pero esta vez no. Todo parecía volver a ser como en aquellos días lejanos, cuando una sonrisa brotaba de sus labios con una simple flor de papel y mis ojos brillaban tanto como me costaría volver a recordar.

Las palabras fluían, queríamos resumirnos los últimos años a trompicones, desordenados, como un cálido y efusivo abrazo a muchos kilómetros de distancia. Quizás no todo lo que escuchábamos el uno del otro nos gustaba demasiado; la vuelta al tabaco, la hipoteca, l@s respectiv@s acompañantes de viaje,... todo aquello de las llamas, las brasas y los rescoldos, ya se sabe.

Hay detalles y sensaciones que difícilmente se pueden llegar a transmitir y definir con exactitud mediante palabras, pero creo que acierto si digo que fueron, sin lugar a dudas, 32 minutos y 50 segundos de felicidad.

"Hoy puedo mirar atrás
sin que las lágrimas nublen mi vista.
Vivo exiliado en un bar
donde el amor respira por sus heridas.
Mi copa sabe esta noche
a beso de despedida."