jueves, 25 de octubre de 2012

Donde nadie para a mirar


Supongo que es por deformación profesional, pero cada vez que me paro a contemplar la Arquitectura, mi estado de ánimo se enfada, empatiza y hasta de algún modo discute con la obra que contempla, dependiendo de su estado, su concepción,... lo que ofrece al mundo en resumen.

Un apartado especial suponen para mí los espacios que albergaron vida y que ahora nos contemplan pasar, quizás preguntándose hacia donde vamos tan deprisa. Ellos con su sutil espionaje del entorno inmediato, en algunos casos, han visto caer imperios, levantarse otros nuevos y sobre ellos sólo se han ido labrando las arrugas que el sufrir por nuestro abandono les ha ido produciendo.

Cuando se trata de una vivienda, me paro a pensar dónde andarán sus moradores ahora, qué les llevaría a abandonarla, qué sienten al verla envejeciendo sola, qué habrá sido de los recuerdos que nacieron en su interior, de las conversaciones que guardó en secreto...

La de la imagen es una casa abandonada en Romangordo, cuando nos la encontramos, no pude dejar de hacerme éstas y otras mil preguntas más, como siempre me pasa.

La Arquitectura contiene, en lo más intrínseco de su significado, el valor de lo humano, de la vida, pero cuando no es vivida; observa y espera que la vida vuelva. Algo muy parecido a lo que nos ocurre a los humanos con el amor.

 A la fabulosa fotógrafa
El encanto de un objeto, no está en el objeto en sí, 
sino en los ojos que se detienen a mirarlo
y capturarlo para siempre.

martes, 23 de octubre de 2012

Si no aprendes...

 

Incesantemente, durante un tiempo de mi vida, vislumbraba la misma frase en todas partes: "Si no aprendes a vomitar, morirás complentamente lleno de mierda". Lo leía en su nick del messenger (¡¡¡ay!! ¿qué fue del messenger?), lo escuchaba en su boca y, por encima de todo, lo sentía en su modo de contemplar el mundo.

Esta frase apareció sin más, sin una razón clara, pero nunca desapareció; como un principio fundamental e inviolable del sistema anárquico que voluntariamente nos impusimos. Así fue que a partir de entonces apasionada y acaloradamente nos vomitamos cada cosa que pensábamos debía ser dicha y nos hicimos bien, aunque nos causásemos el mal a veces.

Crecimos a lo alto y a lo sabio, sufrimos cambios importantes en nuestras vidas, tan importantes como los que experimenta todo el mundo en las suyas, pero aunque nos separamos y discurrimos por distintos valles, creo que puedo afirmar, que cada uno por su lado, siguió procurando vaciar la carga de lo que debía ser echado fuera.

Hoy, pasadas muchas estaciones, reconozco que veo con perspectiva que antes de aquella frase, no sabía expresar, quizás por miedo, todo lo que en ocasiones se paseaba por mis pensamientos. Vencida esa terrible enfermedad paralizadora que es el miedo, puedo decir sin lugar a dudas que "Si no aprendes a vomitar, morirás completamente lleno de mierda".


A la persona de la que aprendí a "vomitar" 
y a la que me ha recordado que debo hacerlo.

martes, 16 de octubre de 2012

Hablando de ti


Quizás hoy también me atropelle la luz del día, mientras leo anónima poesía en cualquier rincón de las estrellas. Puede ser que ese sol que vomita sus rayos por la ventana no sepa, ni escuche, ni sienta lo que tanto tú como yo callamos.

No sé si fue ayer cuando los ruidos de sirenas lejanas invadieron todo, trataron de arrasar sonrisa y niebla; bombas de racimo en forma de incerteza. Mientras tú y yo en silencio, sin decirnos nada, supimos esperar pacientes a que la tormenta cesara.

Mentiría al decir que no te esperaba, que en esta oscura noche, no he imaginado tu semblanza. Y mientras, las hojas de los árboles secas y sordas, se suicidan sobre la tierra de la que son hijas pródigas.

Das rienda a tus disparos en la noche con puntería halconera, y tus proyectiles, uno a uno, en sus objetivos aciertan. Ya va siendo hora de despertar las caricias, de apartar las barreras, de recoger cada una de nuestras cosechas.

En ese momento en que lamías las heridas de las palabras afiladas, vislumbré una tan terrible como real corazonada: nunca podrás saber que es de ti de quien hablan estas palabras.

domingo, 14 de octubre de 2012

La justicia de la tierra muerta


Una gran obviedad es que no todo en este mundo, ni en esta vida, es justo, casi nada lo es y sin embargo casi todo evoluciona siempre con mayor o menor armonía. Desde el mismo momento en que nos alumbran empezamos a sortear el tortuoso camino de lo justo y lo injusto, de los buenos y los malos, de los ganadores y los perdedores,...

No existirán dos personas en La Tierra que entiendan las mismas cosas como justas o injustas, todos emitimos juicios, principalmente con lo que nos afecta directamente, pero si nos dejamos llevar por esa corriente incriminatoria, podemos acabar juzgando todo y no siempre justamente, a veces la mezquindad humana condena lo que no condenaríamos en nosotros mismos.

Y en esta disertación sobre la justicia, y sin saber si tiene algo que ver, llueve en mi memoria el recuerdo de José María Fonollosa, un poeta que no publicó nada durante 40 veranos, y sólo lo hizo unos meses antes de morir. ¿Fue justo? No me lo parece, pero no lo sé, no sabría juzgarlo.

Creo poderosamente que a veces sólo el tiempo debería poder ser juez. El día de la muerte de Fonollosa, un 7 de octubre del 91, en su mesa, junto a un testamento a lápiz, aparecieron estas líneas:
No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.
No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.
Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.
Rechaza otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado.
  

jueves, 6 de septiembre de 2012

A Esperanza Aguirre habría que matarla

   
Esperanza Aguirre con sus hijos, que sepamos, ninguno de los dos es arquitecto precisamente

El título simplemente quiere llamar la atención porque hoy, una marquesa y grande de este país, que además es Presidenta de una Comunidad Autonóma, la Sra. Esperanza Aguirre, ha dicho sobre los arquitectos:

"Habría que matarlos. ¿Tú sabes por qué habría que poner pena de muerte? Me caen mal los arquitectos porque sus crímenes perduran más allá de su propia vida"

Quería puntualizarle dos cosas a esta mujer:

1-A mi me caen mal los gobernantes como ella, los que permiten (han permitido) que arquitectos (a quienes algunos llaman "estrellas") se forren a costa de la ignorancia y la megalomanía del mal gobernante de turno, ejemplo de esto son el 99,99% de las obras de Santiago Calatrava y el 100% de las de Frank Gehry por ejemplo, pero la lista es amplia. 

Mientras eso ocurría, miles de arquitectos jóvenes esperábamos una oportunidad que ni nuestros gobernantes nos dieron. Y el gran público contento con cosas como el Guggenheim de Bilbao o la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Y ahora me dispongo a decirle la segunda cosa:

2- Lo que usted dice, lamentablemente lo piensa mucha gente; esa gente que tiene una total ignorancia sobre lo arquitectónico, pero a pesar de ello, opinan. Es como si yo opinase sobre sus colegios concertados o sus sanidad medio privatizada, los que podrán hacerlo serán los ciudadanos que los sufren.

Pero esto no es nuevo, no se crea. Ya en la edad media, se quemaron catedrales porque no eran, a ojos del vulgo, tan bellas como sus predecesoras. Porque no sé si sus ignorantes ojos, Sra. Aguirre, son capaces de diferenciar entre la gigantesca diferencia existente entre la catedral de Zamora y la de León, por ejemplo.

Pero no se preocupe, que lo suyo tiene cura, se cura leyendo y viajando, y ya está usted sacándole suficiente dinerito a los ciudadanos de Madrid para podérselo pagar, que con ustedes ya todo es de pago. Yo no pediré la pena de muerte para usted, si lo hace alguien que sean sus ciudadanos, los que le hacen ganar con mayorías absolutas. Pena, penita, pena.


lunes, 3 de septiembre de 2012

Con solamente una llamada

 

Sonó el teléfono. Mentiría si dijese que no me tembló el pulso al coger el móvil y ver su nombre en la pantalla iluminada, era ella, tanto tiempo después, ella era. Poco importaba que hubiese pasado por horas el día de mi cumpleaños, ese día que tan poco me gusta, en ese instante olvidé todo.

Las últimas veces que habíamos hablado estábamos lejos de los tiempos de vino y rosas, distanciados, fríos, midiéndonos, pero esta vez no. Todo parecía volver a ser como en aquellos días lejanos, cuando una sonrisa brotaba de sus labios con una simple flor de papel y mis ojos brillaban tanto como me costaría volver a recordar.

Las palabras fluían, queríamos resumirnos los últimos años a trompicones, desordenados, como un cálido y efusivo abrazo a muchos kilómetros de distancia. Quizás no todo lo que escuchábamos el uno del otro nos gustaba demasiado; la vuelta al tabaco, la hipoteca, l@s respectiv@s acompañantes de viaje,... todo aquello de las llamas, las brasas y los rescoldos, ya se sabe.

Hay detalles y sensaciones que difícilmente se pueden llegar a transmitir y definir con exactitud mediante palabras, pero creo que acierto si digo que fueron, sin lugar a dudas, 32 minutos y 50 segundos de felicidad.

"Hoy puedo mirar atrás
sin que las lágrimas nublen mi vista.
Vivo exiliado en un bar
donde el amor respira por sus heridas.
Mi copa sabe esta noche
a beso de despedida."


sábado, 1 de septiembre de 2012

Un gran día

Un 1 de septiembre de mediados de los 80´s veía por primera vez la luz un servidor.

Precisamente ese mismo día, domingo, en las frías aguas del Atlántico Norte, Robert Ballart descubría los restos del transatlántico más grande jamás construído hasta entonces, el Titanic a 3784 m de profundidad. Se desconocía su paredero exacto desde 1912, cuando se hundió al rozar con iceberg, como todos sabemos y el cine se ha encargado de narrarnos románticamente.

En clave local, ese 1 de septiembre de 1985, salía a la luz la famosa flor del cementerio de Casar de Palomero, en el nicho (lejos de la tierra y del suelo) de María Josefa Lorenzo, familiar de mi abuela. Curiosidades del destino, el día que nací yo, también nació la rosa en el panteón de mi familia, el mismo en el que quizás yo sea enterrado algún día.

Al tema de la flor se le dio mucha resonancia debido a que tenía 16 hojas, tantas como años había alcanzado a vivir la pobre joven que yacía en aquel lugar, además de que aparentemente no se apreciaba tierra alguna de donde pudiese nutrirse, y para colmo se trataba de una flor poco común, una amaranthus cristatus.

En fin, nací en un día curioso tanto a nivel mundial, como en este Valle tan precioso en el que vivo, que me da vida y me la quita. Y no se me ocurrió otra cosa que entretener a mi madre y de qué forma. Por eso y por tantas cosas más, necesitaría vivir un millón de a
ños para agradecerles todo lo que les debo a mis padres. Felicidades a ellos por aguantarme todos estos años. 


No  me gusta demasiado este día del calendario, pero es una excusa, para recordar todo lo que tenemos y que quizás en el día a día no valoramos tanto.

Quiero tener el poder
de hacer llorar el corazón
de la gente que no sabe
que quien no arriesga no gana y no pierde,
que sólo a los cobardes les persiguen las agujas del reloj.

A veces abro la puerta y veo pasar gente.
Solo, cierro de un portazo,
mientras observo y leo en los labios
que aún queda miedo al rechazo.
Me siento esclavo y me mata el tiempo
de quien no lleva amor en los brazos...