Hoy paseando por la zona de la depuradora de aguas residuales de Casar de Palomero, me he encontrado con una sorpresa desagradable, la salida de la depuradora tiene fugas. Eso, que podría ser un problema leve, me ha parecido una minucia cuando he visto que los desagües están vertiéndose libremente al arroyo.
Si todos los vecinos de este pueblo estamos pagando nuestros impuestos de depuración (que no son precisamente poca cosa) ¿qué se está haciendo con el dinero en este pueblo? ¿A dónde van los impuestos?
Es una de tantas cosas que no comprendo de este pueblo abandonado a su suerte por quienes nos desgobienan, una pena. Lástima no poder hacer nada más que publicarlo para que no quede en el olvido y la historia sepa juzgar. Una lástima.
La otra noche soñé que llegaba un día en el que no podía expresarme libremente, en el que no podría ni tan siquiera verter mis pensamientos en este rincón del ciberespacio. Parecía tan real, que me desperté creyendo que era absolutamente cierto.
Me desperté y, mientras desayunaba, vi en las noticias que planteaban procesar a quienes a través de Internet y las redes sociales difundiesen convocatorias de protestas ciudadanas que acabasen en disturbios (disturbios que son casi siempre iniciados por los infiltrados de la policía).
Sin salir de mi asombro, me conecté y visité las webs de los periódicos que suelo leer, de varias lineas editoriales. Todos, con más o menos maquillaje, hablaban de recortes en Educación, Sanidad,... Se disparan las tasas universitarias, copago en fármacos, desaparición de becas,...
Llegué a una noticia sobre las enormes cifras del paro, estratosféricos números en el paro juvenil. Contrariado al leer que somos una de las juventudes más y mejor formadas del mundo, me entraron ganas de empezar a fumar y eso que me repugna el tabaco.
Leo que el rey está cazando elefantes en África, que uno de sus nietos se pega un tiro mientras cazaba (fuera de temporada y sin tener la mínima edad legal para empuñar un arma), que el yerno es un chorizo que se va a ir de rositas, porque creer en la justicia igual para todos en este país es una utopía
Leo que hasta Italia le tiene impuestos a la Iglesia, pero que en España no se puede legalmente imponer ningún tipo de tasa a los que hasta han robado centenares de niños recién nacidos hace bien poco.
Encima todo nos lo aderezan diciéndonos que hemos vividos por encima de nuestras posibilidades ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién dice que posibilidades tengo yo? ¿Tengo menos posibilidades que ellos por haber nacido en una familia humilde y trabajadora? ¿Me están queriendo decir que he estudiado por encima de mis posibilidades?
Esto cada vez se parece más a mi pesadilla de la otra noche....
¿Pero qué pasa aquí? ¿por qué no estamos todos en la calle?
Si naciste a finales de los 70 o durante los años 80, seguramente ya sepas de qué hablo. Estadísticamente es muy probable que estés muy bien formad@ y casi seguro que estarás en paro o siendo afortunad@, con un trabajo precario que te permita malvivir.
Y es que es curioso en este país, que se vanagloria de tener a la juventud más preparada, en el que muchos hemos estudiado en el extranjero, nos comunicamos en varios idiomas, que paradójicamente suframos más paro que cualquier generación anterior a nuestra edad.
Se nos presenta como única opción seria de futuro el abandonar este país donde nadie recorta a Iglesia y Monarquía, mientras se eliminan becas, se masifican las clases, se suben las tasas universitarias y el copago (repago) sanitario se dibuja sobre nosotros. Este país no nos quiere, o nos quiere lejos, no valora el capital humano que representamos los miles de jóvenes preparados a los que no se nos da una oportunidad.
Podría seguiros mareando con mi rabia por el trato que sufrimos especialmente por los mediocres gobernantes que nos toca sufrir casi siempre en este país, pero creo que todo lo que quiero decir lo deja claro este vídeo, LA GENERACIÓN PERDIDA:
Hace ya casi una semana de la gran noticia, mi Proyecto Fin de Carrera es historia, una historia larga de más de un año de intensísimo trabajo, una historia costosa con un final enormemente dulce. Por fin, este nieto de carnicero, de agricultores, el hijo de unos enormes currantes, ha podido ver cumplido uno de sus mayores sueños, ser Arquitecto.
En una de las primeras clases en el inicio de la carrera, el profesor Altés Bustelo nos dijo que ésta sería extremadamente dura, que nos preparásemos para dejar por el camino la vista, la espalda, muchos amigos, muchos amores,... y así ha sido, no han sido pocos los sinsabores que ha habido en la travesía, pero será quizás por eso que valoro más el éxito alcanzado. Altés nos hacía una comparación que siempre me ha parecido acertada, y es que al afrontar una carrera tan dura, debemos estar preparados para la soledad del corredor de fondo; muchas horas delante de una pantalla, muchos "errores fatales", muchas noches de empalmada y de ojeras, cientos de ploteados, sonrisas y lágrimas... después de todo, hoy puedo decir que mereció la pena.
Soy consciente de que ahora más que nunca, la Arquitectura vive horas bajas tal y como se tenía entendida popular y económicamente, pero la Arquitectura (con el Urbanismo) como arte, como disciplina, como herramienta para cambiar el mundo, nunca estará en crisis, y es así como entiendo yo este tinglado.
Ahora tengo por delante otro reto importante, decidir cual es el primer paso en mi vida profesional. Estoy informándome, pidiendo opiniones,... pero al final la decisión, como siempre, será mía y, sea la que sea, donde sea, será un lujazo seguir persiguiendo sueños.
Nunca hubiese podido llegar aquí sin el inquebrantable, incalculable e imprescindible apoyo de mi familia, sin el aliento de los amigos de verdad que me han aguantado en todo momento incluso cuando no me aguantaba ni yo y sin todas esas personas tan especiales que pasaron por mi vida en estos años y a las que no siempre supe corresponder.
Gracias de corazón a vosotr@s y gracias también a quienes intentaron tumbarme, ignorando que con ello me hacían más fuerte.
A raíz de la última reforma laboral, he recuperado del archivo de mi memoria una conversación que tuve con mi amigo Esteban hace unos meses, comentábamos sobre la situación tan grave de paro que vivía España y la imposibilidad que tenemos de competir con otros mercados, especialmente el chino, India, Tailandia, etc
Como todos sabemos, el mercado laboral en esos países es un mercado esclavista; largas jornadas laborales, míseros salarios, coberturas sociales escasas o nulas,... configuran un esquema productivo que poco o nada tienen que ver con el sistema por el que tanto se ha luchado en España y en Europa.
Ahora bien, resulta que hemos decidido (o alguien ha decidido por nosotros) que las necesidades productivas de los que gozamos del Estado del "bienestar" sean satisfechas desde los países esclavistas, creando la imposibilidad de competir produciendo aquí los productos que nos cuestan la mitad, con portes incluídos, desde el otro lado del mundo. Y es que consideran que nuestro único fin es ser un elemento consumista al que progresivamente se le va mermando su capacidad productiva.
Volviendo a la conversación con Esteban, en la que reflexionábamos sobre esto, reconocíamos que todos en mayor medida habíamos sucumbido al atractivo de los precios economiquísimos de los productos chinos, no hablemos ya de la compra a través de Internet. Todo ello nos llevó a reflexionar, si llegamos a un punto, como el que casi llegamos ya, en el que la práctica totalidad de los objetos que nos rodean, desde el teléfono desde el que escribo en este blog hasta el ordenador desde el que lo leéis, pasando por los objetos que haya a vuestro alrededor, están fabricados en esos países, ¿a qué nos vamos a dedicar en Europa? ¿a consumir? ¿La solución es bajar las garantías del mercado laboral para que un trabajador español cada vez tenga unas condiciones laborales más parecidas a las de uno chino? ¿se invertirá la balanza? ¿no sería más lógico gravar más las importaciones de productos extracomunitarios? ¿seremos los próximos chinos? ¿cuándo vamos a tener los ciudadanos europeos un gobierno capaz de ponerle límites al libre mercado y al capitalismo salvaje? Son preguntas a las que ni Esteban ni yo tuvimos respuesta clara, si vosotros las tenéis, sería un placer saberlas.
Un abrazo y que nadie os venda algo que no podáis pagar:
Hoy, 14 de febrero, mucha gente celebra San El Corte Inglés, esa maravillosa fecha para colaborar con las malos datos de los centros comerciales en estos días del calendario. Nada es casual.
Muy tópico es decir que el amor se demuestra caonstantemente y no sólo cuando el día aparece en rojo, y no por tópico deja de ser cierto.
Si la vida es complicada sin necesidad de aditivos, los humanos nos empeñamos en añadir constantemente nuevos ingredientes a la olla. Difíciles ingredientes son los de las relaciones humanas, casi imposibles los sentimentales; es una enrevesada casualidad encontrar a una persona que busque en la vida algo parecido a lo que tú buscas, más difícil que las inclemencias vitales os hagan transcurrir por terrenos parecidos, sean estos geográficos o de pensamiento. Si aún consiguiendo todo esto crees que lo tienes todo, nada más lejos, después están los matices.
Un matiz según la RAE es: "En lo inmaterial, grado o variedad que no altera la sustancia o esencia de algo." No altera la sustancia, pero hay que cuidar que no altere todo lo demás. Sin ese cuidado, puedes estropear todo lo anteriormente avanzado.
Podríamos resumir lo que quiero decir en que quizás la locura pasional que a veces nos ciega, no es si no el paso previo a un abismo a la vuelta de la esquina. A veces es mejor correr menos, atontarnos menos y saber esquivar lo que en el camino pueda aparecer.
Los matices no debieran suponer una diferencia profunda, pero cada uno es, en sí mismo, un propio universo tan respetable, tan incomprensible y tan equilibrado como el nuestro propio.
A los que disfrutéis del amor, gozarlo, y a los que no, tenemos que recordar que, como nos dice Quique González, la vida nos lleva por caminos raros.
Ojalá pudiera explicaros lo que esconden estas lineas.
Hay canciones que conectan con algo dentro de nosotros y que aunque no sepamos exactamente el porqué, son muy especiales por mucho tiempo que pase y muchas veces que las escuches. Eso me ocurre a mí con Arriésgate de Skizoo:
La pasada noche de viernes, mis huesos se ubicaban en un local de Sevilla que albergaba encanto en todos sus recovecos, se llamaba algo así como la Carbonería. En él, nos hallábamos personas del más diverso pelaje, desde guiris, turistas, bohemios, gitanos cantando con todo su arte, hasta algún que otro señorito andaluz de esos que nunca se separan de la barra y que rivalizan por ver quien tiene las patillas más grandes.
La mayoría nos sentábamos sobre largas bancadas que acompañaban a mesas también de gran longitud, todo de madera. Sin embargo, el centro de las miradas de casi todos era el mismo, en el fondo, bajo una enorme pieza tallada a modo de chimenea, se situaba el piano que estaba siendo tocado por un chico al que no vimos la cara hasta el final de la actuación, mientras que al lado izquierdo del mismo y apoyada sobre él, una preciosa chica rubia, más o menos de mi edad, entonaba con una voz portentosa algunas de esas clásicas canciones, ésas que son misiles de precisión al corazón. En mayor o menor medida todos los presentes estábamos envueltos en aquel torrente de voz que nos abrazaba. Difrutábamos de buena compañía, de risas y de calor, del calor de los buenos momentos.
Hubo un instante en el que debo reconocer que mi mente debió abandonar mi cuerpo y mis ojos quedaron obnubilados en aquella bella mujer que nos encandilaba. De repente sus ojos repararon en mi impertinente y detenida observación. Aparentemente contenta con mi descaro, me aguantó la mirada, sentí como si en ese momento me cantase directamente a mí. No sabría deciros si fue durante una décima de segundo o fueron horas, pero durante ese tiempo nada de lo demás parecía importar. Aquella mirada me recordaba a alguien, esos ojos parecían clonados de otra persona, otra persona que no estaba allí por más que hubiese deseado que así fuese.
Tras un largo repertorio, al terminar, sentí el impulso de hablar con ella, pero no podría, ni sabría explicarle el haber podido ver en sus brillantes ojos, el brillo de los de otra persona. Así que me conformé con corresponderle a la sonrisa que me regaló.
Seguramente ella ya ni lo recuerde, pero a mí me costará olvidar esos ojos, que temblaban mientras su potente voz nos embriagaba.
Seguramente nunca leerá esto, pero necesitaba expresarlo al menos aquí.